Cirugía.

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Llegó una mujer a emergencia, parecía haber sufrido un accidente automovilístico, lo digo porque conservaba una parte de la puerta en su estómago. Perfecta para experimentar pensó el cirujano.

La camilla la trajo una enfermera de buen aspecto, un poco manchada por sus labores cotidianos, cuando el doctor revisó a la mujer del accidente no sostuvo respiración alguna, al darse cuenta que se trataba de su mujer no pudo más que llorar y golpear a lo que se cruzase en su camino. Sabía que perdería sus piernas, la puerta del auto de alguna forma mantenía unido el cuerpo, pero creo que más bien detenía que se desangrara. Empezó entonces la operación.

Al cabo de unos días la mujer se pudo recuperar, afortunadamente no tuvo consecuencias psicológicas o de ninguna otra clase, se pudo sostener en pie, poco a poco daba sus primeros pasos, ambos esposos estaban felices de recobrar su vida, salvo por una cicatriz alrededor de la cintura que desvanecían con cosméticos.

Un día después de tener intimidad con el esposo, la mujer fue al baño y luego a tomar un poco de agua, mientras bebía el líquido recordaba episodios de aquel accidente, como la enfermera que la llevaba a sala de urgencias, las luces, etc. Lo que no sacaba de su cabeza era una cara de algún doctor que no dejaba de sonreír mientras la veía, estuvo con ella en la sala de operación. Mantuvo esos pensamientos mientras caminaba a su habitación, al llegar sin querer abrió el closet de su esposo y en una repisa le impactó el horror, calló hacia atrás sobre sus glúteos, tapó su boca, sus ojos no dejaban de ver aquel espectáculo.

Su impresión era clara, sus ojos no parpadeaban, en aquel rincón estaba el cuerpo de una mujer, era una enfermera, lo supo por la ropa que llevaba, lo extraño era que sólo estaba la parte de arriba, no tenía piernas, pensó entonces, recordó que el único que había operado había sido su esposo.


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