El Decapitador de Mexico D.F.

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Apretaba y apretaba Entonces fue cuando me desperté gritando pero solo un ruido sordo y debil salió de mis pulmones

Sus pulgares se hundían con fuerza a la altura de mi nuez, impidiendo que nada de aire llegara a mis pulmones Entre la oscuridad y la falta de oxígeno que comenzaba a sufrir mi cerebro, no pude distinguir los rasgos de la figura que montaba a horcajadas sobre mi cuerpo El dolor y la sensación de asfixia era insoportable, y en ese momento supe que tenía pocos segundos para luchar antes de desmayarme y morir Dos semanas antes me encontraba sentado en un vuelo de Iberia que cruzaba el Atlántico con destino a Ciudad de México Mi amigo Nicolás, con el que hablaba casi a diario desde hacía año y medio a través de internet, me había invitado a pasar allí mi mes de vacaciones

La verdad es que no lo dudé, soy un apasionado de la lucha libre y del picante, y hacía años que tenía ganas de conocer esa tierra Pero ahora, a 9000 kms de mi casa, alguien en mitad de la noche se había colado en mi habitación, y me estaba matando Intenté girarme para librarme de los dedos en mi garganta pero no pude, su cuerpo sobre el mío impedía que me zafara Todo estaba muy borroso, mi cerebro se ahogaba, supe que en dos segundos me desmayaría y ya no podría oponerme a un final inevitable En un último acto de supervivencia, lancé el brazo flexionado de forma lateral, la distancia era demasiado corta como para usar el puño con efectividad

El impacto de mi codo en su cara fue terrible Ambos gritamos con rabia y dolor mientras sus dedos perdían fuerza y caímos de la cama con gran estruendo Me incorporé presto a seguir golpeandolo pero todo se volvió negro y me derrumbé sobre la mesilla mientras escuchaba la voz de Nicolás gritando que que estaba sucediendo y sus pasos bajaban apresuradamente las escaleras Me despertó la sirena, todo estaba borroso, y una máscara de oxígeno cubría mi boca El médico de la ambulancia me tranquilizó con sencillas palabras: No hables, descansa, está todo bien, sólo estás magullado y perdiste la consciencia durante la lucha

Lo hiciste genial, hubieras sido la quinta víctima del decapitador de Texcoco Entonces giró la ruedecilla de una bombona, y dormí Me desperté en el Hospital General de México, relativamente cerca del Bosque de San Juan de Aragón, frente al que vivía mi amigo Me dolía mucho la cara y el cuello, completamente amoratados, y un gran dolor de cabeza me golpeaba incesantemente en ambas sienes Una persona, con la frente sudorosa, vestido con unos pantalones de traje desgastados por el uso y una camisa color ocre con dos botones abiertos, estaba de pie ante mí, observandome

Se presentó como el Inspector Ramírez, y durante las dos horas siguientes habló conmigo El decapitador de Texcoco había saltado a los medios apenas una semana antes, cuando los cuerpos de una pareja aparecieron estrangulados y decapitados cerca del Lago de los Patos En principio se había pensado en una relación con el narcotráfico, pero dos días después esa teoría cambió cuando un hombre apareció decapitado en su casa junto a la parada de metro de Martín Carrera Y hacia solo dos días había aparecido una cabeza de mujer sin identificar tras la valla del Deportivo Oceania 4 en la última semana

El agente fue claro, ninguna cerradura había sido forzada en la casa de mi amigo, tan sólo un cristal había sido roto desde dentro y un cuchillo de grandes dimensiones, similar al que debía haber sido usado en las decapitaciones se encontró cerca de mi cama Sospechaban de Nicolás y estaban tras él después de mi ataque Me preguntó incesantemente si había podido descubrir algo, incluso sin darme cuenta, y por ello, pudiera haberme atacado Pero nada se me ocurría y además lo había oido bajar las escaleras, y no estaba magullado tras el gran golpe que le dí al atacante No podía haber sido él

El inspector aceptó a regañadientes, pero insistió que fuera discreto y que avisara si recordaba cualquier cosa, y que no obstante mantendría a algún policía cerca de la casa como tímida vigilancia Al mediodía recibí el alta, y decidí caminar de vuelta La verdad es que todo esto me superaba con creces Jamás había vivido una violencia semejante, y menos en carne propia, y no dejaba de preguntarme por qué yo No puedo negarlo, soy un hombre valiente pero sentía miedo, mucho miedo, y decidí adelantar mi billete de regreso para dentro de dos días

La verdad es que ya en la casa, Nico me trató genial, se desvivió por que estuviera lo más cómodo posible y me llevó a cenar unas enchiladas a un restaurante cercano para que me abstrayera un poco del trauma por el que había pasado, pero nada podía lograrlo La noche cayó imparable, y llegó la hora de dormir Estaba convencido que Nico era una persona incapaz de hacerle daño a una hormiga, pero un así recordé las palabras del inspector ¿Y si estaba pasando la noche en la casa de un psicópata descontrolado? La mayoría de ellos son personas con una vida tranquila y ordenada, que sus familiares y amigos consideran modélicos ¿Y si era alguien que tenía llaves de la casa? Me acosté en guardia, tapado por una sábana, con un cuchillo que tomé de la cocina en mi mano derecha

Cualquier precaución me parecía poca Y cerré los ojos No sé cuento tiempo pasó, pero lo presentí, no hizo ruido, pero sabía que se acercaba con sigilo Estaba a dos metros, a un metro, a medio metro, y supe que en ese instante me iba a atacar Abrí los ojos al mismo tiempo que lanzaba mi mano con el cuchillo, era la misma silueta que me atacó la noche anterior

Vi como le enterraba toda la cortante hoja en medio del pecho Sus manos no llegaron a alcanzar mi cuello en esta ocasión No pudo ni gritar, le había partido el corazón en dos con una precisión quirúrgica, pero sin embargo, me extrañó que ni una sola gota de sangre brotaba, cuando tenía que manar a borbotones Con rapidez prendí la luz de la lampara de la mesilla y vi al atacante Era mi cara y cuerpo inertes convirtiendose en una espesa bruma incorporea

Entonces lo supe, entonces comprendí todo, jamás esa maldita conciencia volvería a molestar con sus tonterías Tenía vía libre y nada me iba a parar Jamás Caminé a la habitación de Nico y me asomé con cuidado Dormía tan plácidamente

Una sonrisa iluminaba mi cara y mis ojos brillaban El imbécil de Ramírez me llevó hasta el aeropuerto, por el camino veía los kioscos con todos los diarios dando la misma noticia en primera plana “Un amigo da muerte al decapitador de Texcoco” y en casi todos una foto al pie, donde se mostraba la puerta de su casa y como sacaban su cuerpo tapado con una sábana Recuerdo su cara de pánico cuando lo arrastraba hasta mi cuarto, no podía parar de reirme Y ahora, un representante de la ley me daba las gracias al pie del avión en nombre de la República

No imaginais como me reía por dentro, aunque mi cara era de desolación Volé de regreso sintiendome libre Libre en todos los sentidos, ya nada iba a pararme Y ahora, si me disculpaís, tengo algo que hacer


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