Halloween 2014 Especial Historias de terror inéditas II La venganza del profesor

Comparte

El ser humano es muchas veces como los animales, el poder de la masa, cuando uno decide hacer algo, el resto lo sigue, sin saber muy bien por qué, sin querer hacerlo, pero lo hace A 9 chicos de apenas 14 años aquello les pareció una pésima idea para aquella noche, pero Marcos lanzó sus pasos hacia el cementerio y todos le siguieron

El sr Dawson era de padres ingleses y tal vez por eso era así, recto, serio, estricto e insoportable para todos sus alumnos de Literatura que había tenido Con una facilidad asombrosa para otorgar suspensos sin más explicaciones, y con una debilidad que martirizaba a todas sus clases, la de encomendar un trabajo literario para cada fin de semana cuando no exixtían examenes en el horizonte, bajo la amenaza del suspenso directo Libros de todo tipo debían ser leidos durante los fines de semana, para el lunes presentar un pequeño resumen y unas conclusiones Tom Sawyer, el Quijote, Cien años de soledad o Diez negritos, habían sido los últimos Y entonces murió

Su débil corazón dijo basta Aquel lunes el sr Dawson no lo soportó Toda la clase se puso de acuerdo en no hacer el trabajo encomendado, y nadie lo presentó Una rebelión en toda regla de unos mocosos contra él Y murió

Murió ante todos los alumnos tras besar la medalla de oro que un día perteneció a su madre y decir que estaban todos suspendidos y que nadie pasaría de curso a final de año Su boca se resecó, sintió un profundo pinchazo en el pecho, se tambaleaba, su pierna y brazo derechos comenzaron a fallar, y se derrumbó mientras trataba de alcanzar su silla Marcos había jurado venganza tras impedirle el sr Dawson pasar de curso por no haber presentado uno de los trabajos de fin de semana el año anterior El sr Dawson le ofreció revertir la situación si lo realizaba entonces, pero su profundo orgullo se lo impidió, lo que le había costado un año de vida, perder a los amigos de su clase, y tener que compartir curso con gente un año menor Toda una humillación para él

El ser un año mayor le había otorgado un liderazgo natural, y quizás por eso todos saltaron tras él el muro Oeste del cementerio Era una noche casi despejada y con luna llena, lo que daba una visibilidad excelente y no hacían falta linternas No tuvieron que caminar mucho para llegar a una pared de nichos y buscar entre los nombres hasta encontrarlo Fernando Dawson (1936-1994) Las letras que me dieron la vida, aquí me trajeron y ahora me guiarán

Su nicho estaba a nivel del suelo, lo que facilitó las cosas para los 7 chicos mientras las 3 chicas miraban, y no tardaron mas de 5 minutos en tener el ataud abierto ante ellos A pesar del mes que había pasado, su aspecto no había cambiado tanto como esperaban, la podredumbre apenas había hecho mella en su cuerpo, salvo un hedor insoportable Fue Marcos el que arrancó la medalla de su cuello de un fuerte tiron, las chicas las que tomaron los libros junto a los que había sido enterrado, y uno a uno, pasaron ante el feretro para mirarlo a la cara y pronunciar la frase: “Yo te maldigo por” y cada uno exponía sus razones, antes de escupir sobre él La noche del macabro ritual acabó en una pequeña playa, reunidos entre risas junto a una hoguera hecha con los libros que acababan de robar Cuando el fuego se extinguió subieron al acantilado, y lanzaron la medalla al mar entre vítores Los años pasaron, terminaron sus estudios y todos siguieron sus caminos perdiendo el contacto en la mayoría de los casos

Veinte años después, Marcos solo mantenía contacto con Laura, y sólo porque la veía de vez en cuando, porque había comprado una casa a tres manzanas de donde vivía, y de vez en cuando se cruzaban por el barrio y compartían unas palabras Fue sólo por esa cercanía geográfica que se enteró de su muerte, nadie se explicaba por qué, pero Laura, había aparecido sin vida en la terraza de la azotea de su casa, muerta por deshidratación y gravísimas quemaduras Los forenses estimaron que había pasado tumbada en ella 3 días, bajo un sol abrasador que castigaba la ciudad aquel verano Quemarse viva al sol no parecía la mejor manera de suicidarse, pero no había rastros de violencia, ni aparentaba haber sucedido ningún accidente Fue en el entierro de Laura cuando Marcos reconoció a los padres de Julián y se enteró de su muerte

En una visita al zoo, hacía 11 meses, éste, ante sus dos hijos pequeños, había saltado al foso de los osos, y con el tobillo roto de la caida, arremetió contra ellos Lo destrozaron Marcos era periodista desde hacía ya 10 años, y tras aquellos sucesos, durante varias noches no pudo dormir, una idea le rondaba la cabeza, pero le daba miedo comprobarla Como si por no conocer la realidad, esta dejara de existir Al final se armó de valor, y pasó dos dias recorriendo sin descanso las hemerotecas de su cadena de radio, y de periódicos de su ciudad y otras cercanas

Tras 48 horas de incesante trabajo, completó su lista, y supo como iba a morir Fernando, muerto hacía catorce años, por asfixia al atragantarse en un restaurante Catalina, muerta hacía doce años, no despertó tras una noche de copas Alberto, muerto hace diez años, en el ejército, tras una marcha por las montañas en la que, sin más, desapareció José Juan, muerto hacia siete años, en un trágico accidente cuando cortaba leña con una motosierra

Rosa, muerta hacía cuatro años, tras una reacción alérgica tras ser picada por abejas Emilio, muerto hacía dos años, tras obtener un puesto de magistrado, se lanzó por la ventana de su despacho el primer día Matías, muerto hacia 16 meses, con la cabeza atravesada por el arpón de un amigo practicando pesca submarina Julián, en el incidente del zoo hacía once meses y Laura, ahora, quemada por el sol en su propia terraza Iba a anochecer y corrió a la joyería y librería más cercanas

Las ruedas de su auto chillaban camino del cementerio con una pila de libros y una medalla de oro en el asiento del copiloto Impaciente, esperó unos minutos espiando furtivo desde los matorrales, a que el empleado municipal cerrara la cancela con ese clásico chirrido que llegaba hasta los huesos Saltó la tapia con precipitación y corrió hasta el muro de nichos que hacía veinte años que no veía Arranco la losa con facilidad haciendo palanca con una barra de metal que halló en las proximidades Sacó el ataud con precipitación, ya medio carcomido, y lo abrió con ansias

Estaba vacio Se notaba vacío desde hace muchísimo tiempo Nada, no había nada No podía ser Y de repente el mismo hedor que hace veinte años lo sorprendió

Marcos se giró sabiendo lo que iba a encontrar Y efectivamente, el sr Dawson se encontraba a unos metros, con el mismo aspecto que la última vez que lo había visto, pero no era físico, era etéreo Una pálida luz mortecina lo iluminaba resaltando sus rasgos duros flotando a unos centímetros del suelo Marcos se arrodilló “Perdóneme Sr, Dawson, perdóneme”

Pero el sr Dawson no habló, tan solo cantó, cantó la canción de cuna del libro del que se habían negado a seguir haciendo los trabajos “Diez negritos salieron a cenar; Uno se asfixió y entonces quedaron Nueve Nueve negritos estuvieron despiertos hasta muy tarde; Uno se quedó dormido y entonces quedaron Ocho Ocho negritos viajaron por Devon Uno dijo que se quedaría allí y entonces quedaron Siete

Siete negritos cortaron leña; Uno de ellos se cortó en dos mitades y entonces quedaron Seis Seis negritos jugaron con una colmena; Una abeja picó a uno de ellos y entonces quedaron Cinco Cinco negritos hicieron la carrera de Leyes; Uno se hizo magistrado y entonces quedaron Cuatro Cuatro negritos fueron al mar; Un arenque rojo se tragó a uno y entonces quedaron Tres Tres negritos se pasearon por el zoo; Un gran oso mató a uno de ellos y entonces quedaron Dos

Dos negritos se sentaron al sol; Uno de ellos se tostó y sólo quedó Uno Un negrito quedó sólo Se ahorcó y no quedó ¡Ninguno!” Entonces, la figura alzó su brazo extendiendo su dedo Marcos miró la rama del arbol que señalaba de la que pendían una cuerda y la cadena que habían arrojado del acantilado hacía dos decadas Una fuerza irrefenable lo impulsó y caminó hacia el arbol Al día siguiente, el empleado municipal encontró la escena

el cuerpo ahorcado e inerte de Marcos pendía del arbol, mientras el sr Dawson del que apenas quedaba su esqueleto, descansaba en su ataud con la cadena colgada en su cuello y rodeado de polvorientos libros


Comparte

Deja una respuesta